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En Colombia, los medicamentos son de los más caros del mundo, incluso más que en Estados Unidos, Inglaterra o Alemania. Así lo reveló un estudio realizado por Health Action International (HAI) en 93 países sobre el precio de CIPRO®, producto de Bayer.
Esta es una realidad diferente a la que recientemente mostró el Presidente de la República cuando afirmó que en el país los medicamentos son “de los más caros del continente”, a propósito de la emergencia social. En realidad, el escenario no es el continente, sino el mundo.
Un análisis realizado por el diario El Tiempo (24/02/2010) mostró que en el país los medicamentos que más pesan en los recobros al Fondo de Solidaridad y Garantía (Fosyga), cuestan entre un 10 y un 70% más que en países vecinos.
Este es el resultado de una política de libertad de precios que benefició a productores e intermediarios como las IPS y EPS, en un carrusel de corrupción que tenía al Fosyga al borde del colapso. Concesión del gobierno a la industria farmacéutica en 2006 que permitió estos abusos.
En el caso de Kaletra, medicamento esencial en el tratamiento por VIH, el gobierno informó que se ha logrado un ahorro de USD$11 millones, gracias a la emergencia. La verdad es que este ahorro es el resultado de la solicitud de licencia obligatoria sobre la patente del producto, presentada hace dos años por organizaciones de la Sociedad Civil, y que presionó una reducción en el precio, aunque nunca fue concedida.
Recientemente, el Cardenal Pedro Rubiano señaló que las patentes y la protección de datos facilitan los monopolios que se traducen en precios altos, y sugirió al gobierno utilizar las licencias obligatorias, las importaciones paralelas y suprimir la protección de datos de prueba para bajar los gastos, en lugar de recurrir a los ahorros de las familias.
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